En plena temporada estival, el descanso efectivo de los trabajadores vuelve a estar en el centro de la conversación. Aunque la Ley de Desconexión Digital ya es una realidad en Chile, la práctica demuestra que la desconexión total sigue siendo la excepción y no la regla.

De acuerdo con un estudio de Randstad Chile, el 61% de los trabajadores permanece conectado durante sus vacaciones, ya sea de forma continua o parcial. En contraste, solo un 39% logra desconectarse realmente, evidenciando una brecha importante entre la normativa y la cultura laboral.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que esta hiperconexión no responde principalmente a exigencias del cargo. Solo un 6% señala que se mantiene conectado por obligación laboral directa. El resto lo hace por decisión propia: atender emergencias, monitorear avances o reducir la ansiedad del regreso al trabajo.
A juicio de Camila Tejos, Gerente Comercial de PuntoSeguro, “la tecnología nos permite trabajar desde cualquier lugar, pero también puede afectar el descanso. Nuestra salud y bienestar dependen de lograr un equilibrio entre el tiempo personal y laboral”.
El informe también muestra que, durante el verano, la carga laboral no siempre disminuye. Mientras un 51% afirma que su trabajo se mantiene igual, un 49% experimenta una reducción real de tareas, lo que refuerza la dificultad de desconectarse completamente.
Más allá del cumplimiento legal, la desconexión digital se vuelve un factor estratégico para el bienestar, la salud mental y la productividad a largo plazo. Promover una cultura que respete el descanso no solo beneficia a las personas, sino que fortalece organizaciones más sostenibles y comprometidas.
Desde la gestión de personas, el desafío no es solo cumplir la ley, sino crear condiciones reales para que el descanso ocurra:
- Procesos claros y ordenados antes de las vacaciones
- Roles y reemplazos bien definidos
- Información accesible y trazable
- Menos dependencia del “estar disponible”
¿Tu organización logra una desconexión real en vacaciones o todavía cuesta soltar el “modo trabajo”?